me precedo después de la siesta
para no verme partir en un espejo sobre tu hombro,
como si caminar hacia atrás
me evocara algún camino de regreso
Hasta que no me veas desde el vidrio que ya no se empaña con tu aire
sólo porque me abstuve de dejarte sin aliento
Mientras escribo, las hojas siguen suspendidas en el agua
sobre un aro que se abre
hasta ser sólo un misterio
Seguimos teniendo el mismo nombre
ya nadie lo eleva en un grito ni lo silencia
y la tinta nos cubre los ojos y las manos
hasta no mirarnos nunca más
y solo sabernos
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