ay, de los números, del ahogo
de la tierra donde no habito jamás
con los ojos abiertos
Y si despierto
y si llamo a mis muertos para que sonrían...
Ay, de su ternura sin abrigo
ay, de quienes apagan las máquinas para amarse
Ay, de estos poemas como escudos en el vacío
ay, del plástico y las sombras
ay, del fuego en la avenida
Es tan rara la frialdad
donde arde el hambre de la vida
que prefiero dibujarte en mi mano
hasta que la sal te grave
o te evapore de mis huesos
Ay, de estos poemas como escudos en el vacío
ay, del plástico y las sombras
ay, del fuego en la avenida
Es tan rara la frialdad
donde arde el hambre de la vida
que prefiero dibujarte en mi mano
hasta que la sal te grave
o te evapore de mis huesos
Viniste con luz en las manos y te desplomaste sobre mi sombra
me recordaste a mi misma al perderme de vista y saberme ahí, donde la tierra.
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